Mágico


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“No me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme” Esas declaraciones sólo las podría hacer un megaclase que, por su forma de entender la vida, nunca pudo destacar en un equipo grande. Se trataba de Jorge “Mágico” González, el mejor jugador salvadoreño que ha existido jamás, y un auténtico ídolo en Cadiz, donde jugó 4 temporadas y encandiló a todos con su juego eléctrico, sus regates y sus goles.  Hay cientos de anécdotas que podemos encontrar en la web sobre su carácter díscolo. La de la gira con el Barcelona y el incendio en un hotel debió de ser épica.  “Mágico” González aportó luz y alegría en la sociedad salvadoreña durante una época dura, con una cruenta guerra civil que duraría doce años (1980-1992) y que dejaría más de 75.000 muertos y desaparecidos.

El cineasta norteamericano Oliver Stone realizó en 1986 la película “Salvador”, basada en una historia que escribió del periodista de la CNN Richard Boyle, encarnado aquí por el actor James Woods, que viaja con su amigo Doctor Rock  (James Belushi) para cubrir la guerra civil en El Salvador. Allí se enamorará de una chica, María, a la que tratará de salvar la vida.  Durante este viaje, Boyle tomará partido ante las injusticias que irá descubriendo, sobre todo por la colaboración de sus paisanos a la guerra. Pese a algunas inexactitudes, como el acento mexicano de los protagonistas locales,  y algunos topicazos y concesiones que plasma Stone, la película es una aproximación interesante al conflicto. Eso sí, desde el punto de vista del norteamericano comprometido con los valores democráticos de su país frente a los salvajes militares salvadoreños, y crítico con el intervencionismo de los EE.UU.  Aquí podemos leer una interesante charla entre algunos de los protagonistas que hicieron posible ‘Salvador’ sobre el rodaje y las anécdotas que tuvieron para sacar adelante esta película.


En este post, vamos a incluir un relato muy emotivo e interesante de una chica salvadoreña, Banner,  que nos cuenta en primera persona lo que significó “Mágico” González en su vida y en la de su hermano Héctor, y su paralelismo con la evolución política y social de El Salvador. Que lo disfrutéis.

“Lo que comencé a saber de la vida, del mundo y sus cosas fue gracias a mi hermano Héctor, que había nacido 8 años antes que yo. Héctor siempre era muy curioso, le gustaba la literatura, la historia y el fútbol. Se profesionalizó y trabajó como especialista en Medio ambiente y en su tiempo libre jugaba como delantero en algún equipo de fútbol. Las ilusiones, los sueños, esperanzas, el anhelo de conocer, de dudar me las indujo él, de alguna manera. Los primeros poemas que leí, los conocí por mi hermano. También las primeras historias sobre El Salvador, el Poeta Roque Dalton y, sobre todo, el “Mágico” González.

Héctor y yo, casi todas las tardes después de la escuela, jugábamos al fútbol en el patio de nuestra casa. Mi hermano a veces me dejaba marcarle un gol, pero él siempre ganaba. Por aquella época (1992), tras 12 años de guerra civil, recién se había firmado la paz en El Salvador. Yo estaba alegre de la llegada de la paz, aunque no sabía en qué consistía  ni tampoco del porqué de la guerra, pero si tenía claro que a mi hermano, por su edad, lo podrían reclutar  los soldados para el ejército. Mi madre me había dicho que, si la guerra terminaba, a él no se lo llevarían los soldados pero mi peor miedo de la guerra era que los solados se llevaran a Héctor. Y eso, a parte del sonido de las balas, es lo que más recuerdo de la guerra.

Ya para 1994 yo tenía 11 años y mi hermano 19. Eran tiempos felices. Él estaba emocionado porque iba a comenzar el Mundial de fútbol en Estados Unidos. Yo no tenía idea de qué era eso. Me acuerdo de unos vasos de vidrio alusivos al mundial, con unas caricaturas muy bonitas y decidimos coleccionarlos. Héctor, que apoyaba a Brasil, me preguntó con qué equipo iba yo, para que apostáramos. Le dije que con El Salvador, claro, porque lo que inocentemente creía entonces era que allí jugaban todos los países del mundo. Sonriendo Héctor me contó que El Salvador no estaba en el mundial. Que no se había podido clasificar desde el mundial de España, donde habíamos pasado una de las peores goleadas del mundo en la historia de mundiales (10-1) ante Hungría.

Recuerdo que me puse muy triste por los 10 goles. Quizás para animarme, mi hermano me habló con más detalles de “Mágico” González. Me dijo que era uno de los mejores jugadores del mundo y que no importaba que nos hubieran hecho tantos goles en el mundial porque, por lo menos, era el único salvadoreño que había podido jugar durante varios años en España y que en ese país le querían mucho. Además que era amigo del mejor del mundo:  Maradona. Me explicó que había sido jugador de un equipo que se llamaba Cádiz Fútbol Club. También me describió cómo era su jugada más característica, la «culebrita macheteada». Y así, durante mucho tiempo, siguió contándome historias de “Mágico”, algunas más conocidas por su conocida vida bohemia y otras, también muchas, como la nobleza y humildad de ese hombre. Y siempre o casi siempre jugábamos futbol, incluso cuando yo era adolecente.

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Pero, en el país más pequeño de América Central, el del “Mágico”, ya no son tan buenos tiempos como durante aquellos primeros años de la paz. El Salvador de hoy, sigue siendo un país muy desigual, con pocos ricos y muchos pobres, que se mantiene gracias las remesas de quienes se han visto obligados a emigrar de manera ilegal, sobre todo hacia Estados Unidos, en busca de un futuro mejor.

Es una desafortunada mezcla de exclusión, violencia, permanente crisis económica y consumismo. Es el país en el que hay más centros comerciales que bibliotecas, donde se venden más televisores que libros, y las calles están diseñadas casi exclusivamente para vehículos porque no dejan espacio a peatones o carriles bici. Un país de «tierra de lagos, montañas y volcanes» como describió Manlio Argueta, poeta salvadoreño. En el que la gente sonríe y está alegre, a pesar de todo ya que, como decía Roque Dalton: «deberían dar premios de resistencia por ser salvadoreño».

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¿Qué tiene que ver el “Mágico” con todo esto?  Pues, para comenzar es un salvadoreño ejemplar: resistente, alegre, buen jugador, generoso, sincero… Durante el mundial de España (1982), El Salvador vivía inmerso en una guerra civil que cobró 75 mil muertos, y la directiva de la selección salvadoreña de esa época era muy corrupta. Esa situación no ha cambiado en demasía. Y tampoco ha cambiado la situación de justicia social. Pero, el “Mágico”, un humilde salvadoreño de un país en permanente crisis, se dio a conocer al mundo y  jugó en el equipo de la tacita de plata, donde comenzó la leyenda, que al día de hoy es bastante conocida. Logré conocer al “Mágico” en la boda de una amiga mía, cuando yo tenía 20 años, pero posteriormente supe más cosas de él, sobre todo cuando estuve viviendo en Cádiz. Y entonces, comprendí lo que con tanta pasión, mi hermano me contaba.

Héctor ya no está, murió en un desafortunado accidente de moto en 2005. Lo extraño, fue grande. Mi hermano y yo nos habíamos quedado solos en el año 1993, pero sobrevivimos. Me quedaron las ideas, las historias, los sueños, la ilusión de descubrir, las ganas de luchar, de estudiar, todo lo que me enseñó y su recuerdo.”

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Categorías:fútbol, futbolista, literatura

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