Nacido el 4 de Julio

Hoy es 4 de julio, día de la Independencia de los Estados Unidos. Posiblemente la fecha más conocida, después de Navidad, en todo el planeta gracias sobre todo a la globalización de la industria del cine hollywodiense. Pero lejos de la fanfarria nacionalista y patriotera ligada a tal fecha (véase Roland Emmerich y su infame ‘Independence day’), también ha servido de argumento para la reflexión. ‘Nacido el 4 de Julio’ no es sólo una película antibelicista del siempre curioso y magnífico Oliver Stone (además, ganador del Oscar a la mejor dirección por esta misma película) en donde consiguió la mejor interpretación de Tom Cruise jamás vista en una película. Destaca sobre todo por el trasfondo de amargura que se esconde detrás de esta fecha. O tal vez un doble sentido que algunos no logran entender de esa contradictoria sociedad. Una fecha cargada de orgullo y patriotismo pero también de reconocimiento y, por qué no, de vergüenza. Y es que en el buque insignia de lo que se llama “Occidente”, el “primer mundo” o, simplemente, el avant-garde del capitalismo, hay constantes ebulliciones, explosiones internas y tormentas que sacuden no sólo su sociedad sino, por ende, la de medio mundo.

Dentro de su heterogeneidad social se mezclan grandes virtudes con terribles injusticias. En un país conquistado, poblado y contruído por emigrantes recibe con crítica, escepticismo y malos modos cualquier forma de “invasión” cultural que pueda hacer tambalear sus pilares de lo que algunos denominan “padres fundadores” de la nación. El fútbol no permanece ajeno a ello.

El soccer, como ellos dicen. Aquí una explicación del origen de esta palabra.

Durante años el soccer fue un deporte minoritario, destinado sobre todo a las categorías inferiores y femeninas, donde EEUU es una potencia mundial (son las actuales subcampeonas del mundo y oro olímpico en Londres 2012). No fue hasta la explosión de los años 70 cuando empezó a relanzarse este deporte rey mundial en Norteamérica gracias a la llegada de leyendas como Pelé, Beckhembauer, Cruyff o George Best. Tras una década, los ochenta, donde pareció denostado, resurgió el interés por el fútbol gracias al Mundial celebrado en los EE.UU en el año 1994 aunque sólo gozó del apoyo de los inmigrantes. En los últimos años tanto la calidad de sus jugadores como la profesionalización y competitividad de los mismos ha elevado al soccer a la categoría de un deporte importante, aunque lejos de los cuatro grandes (fútbol americano, baseball, baloncesto y hockey sobre hielo) y sin cristalizar todavía para poder competir con esos otros cuatros deportes referencia. En un país con más de tres millones de fichas federativas, es complicado encontrar grandes estrellas que destaquen mundialmente, un Michael Jordan que tenga esa repercusión a escala mundial. Pero gracias a herramientas como Twitter que permiten distribuir por todo el mundo la marea mundial del fútbol, este deporte se está convirtiendo en un curioso objeto de interés de propios y extraños, desde el mismísmo presidente Barack Obama, hasta otros deportistas de élite e incluso figuras de la cultura como el director Spike Lee, por ejemplo.

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Tim Howard, fenómeno estadounidense en las redes sociales

Pero desgraciadamente existe una peligrosa hornada de ultraconservadores y desviados ideológicos que convierten un deporte en una amenaza. Es el caso de la impresentable columnista Ann Coulter, que piensa que el éxito del Mundial en EEUU “es una señal de la decadencia moral de la nación”. Cómo no, centra su odio en los inmigrantes diciendo que “Sólo podemos esperar que, además de aprender inglés, estos nuevos estadounidenses olviden con el tiempo su fetichismo con el ‘soccer'”. En sus decadentes palabras, que podemos leer en su blog queda reflejado su profunda ignorancia no sólo por la burda y simplista manera de ver el deporte en sí sino sobre todo por menospreciar el valor integrador que este deporte tiene entre los propios norteamericanos, dejando de lado credos, razas y hasta sexo.

En contraste, leemos este interesante artículo publicado en El País, el pasado 2 de julio, que destaca la creciente importancia del fútbol en Estados Unidos sobre todo a nivel cultural en la sociedad contemporánea estadounidense (sobre todo urbanita y progresista). El artículo está firmado por Marc Bassets.

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